Una reunión de altura (Cuento laboral sin moraleja)
Qué sonrisa maléfica, que dulce ironía, que jubilosa expresión de triunfo, la de Viborilla, a la mañana siguiente, llegando a tiempo de celebrar la tan odiada y odiosa reunión! Vestida de inmaculado blanco nupcial, y con la radiante mirada de una novia enamorada, saludó con un gesto respetuoso a la Gran Víbora mientras nos conducía a la Sala de Tortura. Que tristeza en la mirada de Potenza en cambio, vencida, derrotada, cautiva y desarmada, si bien, eso sí, planeando ya en aquel momento mil formas de refinada venganza... Y yo cansado como un perro, deseando que todo acabara cuanto antes. Y el pobre Angelito, un bebé de noventa kilos, inocente y puro a pesar de su corpachón de estibador, el único rostro amable de la lúgubre comitiva, quizás porque era el único que no sabía exactamente dónde iba. Y la reunión empezó no sin los obligados problemas técnicos que movilizaron a todo el Departamento de Informática en pleno, y Viborilla tuvo su momento de gloria, dirigiéndonos un plúmbeo aserto carente de sentido, pomposamente pronunciado en el tono en que un Obispo hablaría Ex Cathedra sobre Teología.
Como todo cuento que se precie, éste tiene también un final inesperado, y es que la reunión, tras una hora larga de farragosas explicaciones, en el momento en que hasta Angelito había perdido el hilo, y cuando Potenza y yo rodábamos ya por la suave pendiente que conduce de la sobresaltada entrevela al sueño más profundo, irrumpió en la Sala Oh-la-la, inesperadamente convertida en Huracán de fuerza cinco. Aunque Oh-la-la es nominalmente la jefa directa de Viborilla, su condición de Cantamañanas le impide normalmente ejercer el cargo con la debida autoridad, máxime cuando Viborilla se halla bajo la protección de la Endemoniada, y es amiga de la Gran Víbora. No obstante ésto, y por algún milagro solo atribuíble a la intervención de San Judas Tadeo, patrón de los imposibles, Oh-la-la se presentó allí de improviso, decidida a tomar las riendas de la reunión. Aunque le escociera como sal marina en una herida abierta, Viborilla no pudo sino hacerse a un lado con cara de circunstancias, mientras Oh-la-la revolucionaba todo, negaba cosas que había dicho su subordinada, se autonombraba Único Oráculo a quien debíamos consultar (A pesar de su ignoracia, o quizás precisamente debido a ella, se considera a sí misma referencia de todas las informaciones posibles), y se dedicaba a echar mierda sobre cualquier persona ausente o presente que cuestinara lo más mínimo su autoridad o competencia. Potenza y yo nos despertamos de golpe ante tal acumulación de despropósitos. Increíble pero cierto, era posible explicar las cosas peor explicadas que las pésimas explicaciones de Viborilla! Bueno, al menos las dos horas no estuvieron perdidas del todo. Al menos, camino de casa, pudimos reirnos bien a gusto, Potenza y yo, de la cara de mema (boca apretada, pómulos hinchados, ojos casi bizcos...) que se le había quedado a Viborilla, y de la estúpida soberbia ignorante de Oh-la-la creyéndose de verdad experta en la materia...









unaovarios dijo
No hay documento gráfico? Es que parece que la reunión no tuvo desperdicio... Pudiste dormir un poco? Importante la segunda pregunta... Un beso
Siempre es un placer leerte
24 Febrero 2008 | 11:15 PM